Boda en el parador de Sigüenza – Álvaro y Vero – Parte 1

By Febrero 25, 2016Bodas

La historia de Vero y Álvaro la recordaremos por siempre. Y es que esta boda, transcurrida en El Parador de Sigüenza y en la Catedral de Sigüenza, es digna de ser contada por muchos motivos, así que no perdáis detalle. Una boda de la que nos llevamos una importante lección de vida en el 2015.

Todos sabemos que en las bodas, como en cualquier otro evento, siempre surgen imprevistos o hay aspectos que no están a la altura de las expectativas. Vamos, que no existe la boda perfecta. Si ya de por si muchas parejas están tensas por ser el centro de atención de cientos de personas, ese estrés aumenta cuando encima surgen imprevistos. A veces digo que además de un buen wedding planner, lo que los novios necesitan es un coach para aprender a ser el punto de atención de cientos de personas sin morir en el intento.

La boda de Vero y Álvaro tuvo un gran imprevisto: la salud de Álvaro.

El día del enlace cuando nosotros llegamos al parador, nos encontramos al novio con mal aspecto. “Voy a echarme una siesta y se me pasa”. Álvaro (el segundo fotógrafo) y yo decidimos separarnos para hacer fotos al novio y la novia respectivamente. Al cabo de unas horas mi compañero me llamó. “Se encuentra peor”. El pobre Álvaro estaba en la cama y, con esfuerzo y la ayuda de sus padres, se estaba poniendo el traje.

Es en esos momentos cuando tienes la fe de que, por ser un día tan especial, las cosas acaban saliendo bien. Pero según me llegaba información, su salud iba a peor. Uno va aprendiendo a afrontar los problemas que le da la vida según van surgiendo, y en aquel día Vero se armó de entereza en cada momento.

El traqueteo de la calzada molestaba a Álvaro, que, sentado en el coche de su padre, intentaba como podía llegar a la Catedral de Sigüenza. Llega la ceremonia. El cura, el tío del novio. Ambiente familiar.  “Por favor, vamos rápido, que no aguanto” Dijo Álvaro, mitad en broma, mitad en serio. Y tanto que no aguantó. En al menos dos ocasiones Álvaro tuvo que salir por una puerta lateral para vomitar, ante el desconcierto de todos. “Os juro que llevo tiempo haciendo bodas y nunca me había pasado esto” Decía el cura, en tono jocoso. Álvaro fue el primero que, pese a todo, no perdió en ningún momento el sentido del humor.

Durante el cocktail Álvaro tuvo que ausentarse para descansar y mejorarse. Cuando entró con Vero en el banquete recibió un caluroso aplauso de apoyo de todos los invitados.  Pese a resistirse a tener que irse de su propia boda, finalmente tuvo que ir a un ambulatorio. Tenía un cólico nefrítico. Ambos decidieron, ya entre risas y lágrimas, que Vero se quedaría con los invitados y la celebración seguiría hasta el final. Decidieron que a cada problema habría una solución, y en el baile de los novios el hermano de Vero sería quien tomaría el relevo de Álvaro. Tal vez no fuera el baile nupcial con el que Vero había soñado, pero el apoyo y el cariño que recibió de todos fue y será inolvidable.

Esta boda nos demostró que el amor puede con todo. Que los momentos difíciles solo están hechos para apoyarse el uno al otro a seguir adelante. Como todo en la vida, es una cuestión de actitud. Álvaro y Vero sabían que todo pasaría a formar parte de la historia de la familia como una anécdota muy especial, que contarán a sus hijos entre risas. Lo que no sabía Álvaro es que la celebración no acabaría ese día, y que semanas después al terminar la postboda le esperaban con un banquete sorpresa. Pero sobre la REBODA os contaré en la Parte 2.

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